Niña de 12 años con quemaduras de tercer grado es trasladada a Estados Unidos

Una menor de 12 años fue trasladada de la Unidad de Quemados del Hospital Escuela Universitario (HEU) al Shriners Hospital for Children de Boston, estado de Massachussets en Estados Unidos, para recibir atención especializada debido a las quemaduras de tercer grado que cubren un 45% de su cuerpo.

La gestión para el traslado fue realizada por la Fundación Ruth Paz, quienes se encargaron de hacer los trámites con los Juzgados de la Niñez, Dirección de Migración, entre otros, para lograr los permisos necesarios.

Ruth Samayoa, representante de dicha fundación, explicó que durante el traslado participan tres especialistas del Shriners Hospital, y la operación tiene un costo de más de 30 mil dólares, unos 700 mil lempiras.

Por la gravedad de su caso, el traslado se volvía urgente para asegurar la atención especializada de la menor. La menor viaja a Estados Unidos en un avión-ambulancia, que cuenta con todo lo necesario para dar el mejor cuidado hasta que llegue al hospital.

Su condición es inestable, ya que por la cantidad de tejido quemado se encuentra en un shock séptico, además está recibiendo medicación que controla la presión arterial.

En el año, la Fundación Ruth Paz ha logrado que cinco menores sean enviados desde el HEU a Estados Unidos para recibir atención por las quemaduras en sus cuerpos.

Cada día de atención en ese hospital, durante la primera fase de cuidado, puede costar entre 60 y 100 mil dólares, que es gratuito para los pacientes.

Suceso

De acuerdo con el relato del padre, había un balde con combustible líquido cerca de una refrigeradora de gas, la niña tropezó con el balde y al quedar derramado el contenido, la chispa de la refrigeradora encendió una flama.

El hecho ocurrió el 13 de noviembre, en la comunidad de La Esperanza Villa Santa, El Paraíso, de Francisco Morazán. Henry Torres Amador, padre de la niña, explicó que guarda combustible porque las distancias para conseguirlo son muy largas. Su familia se dedica a la agricultura en una zona que no cuenta con energía eléctrica, sino con planta solar.

“Es doloroso, algo muy triste, cosas que uno no desee que le pasen a nadie”, afirmó Torres. “Gracias a Dios y gracias a ellos que nos han ayudado excelentemente. La Fundación nos ha echado la mano. Después de Dios el médico».

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